grismaldo
EN

Artículos

Lo que permanece cuando todo lo demás desaparece

Julio 12, 2026 · 3 min de lectura

Lo que permanece cuando todo lo demás desaparece

Llegará un día en que quizá ya no recuerdes el sonido de mi risa. Tal vez mi nombre deje de despertar algo en ti y termine siendo apenas un eco lejano, una palabra sin historia. Y, si ese momento llega, no habrá nada que reclamar.

La memoria nunca nos pertenece del todo. Tiene la costumbre de conservar lo que quiere y de dejar partir aquello que ya no puede sostener. Lucha por algunas cosas y se rinde con otras.

Me basta pensar que, durante un tiempo, existió alguien que te miró con una intensidad difícil de explicar. Alguien que encontró en ti un refugio, una inspiración y una forma distinta de entender la vida. No porque fueras perfecta, sino porque, desde mis ojos, el mundo parecía adquirir otro significado cuando estabas cerca.

Y si algún día el tiempo también decide borrar tu recuerdo de mí, tampoco será una tragedia. Olvidar no invalida lo vivido después de todo. Al contrario, muchas veces es la última consecuencia de haber sentido algo con toda el alma.

Hay experiencias que dejan de estar presentes en la memoria, pero permanecen en la forma en que aprendimos a amar, en las decisiones que empezamos a tomar y en la persona que terminamos siendo posteriormente. Quiero creer que lo vivido permanece en ese lugar invisible donde habitan las verdades que ya no necesitan demostrarse.

Porque hubo un instante en el que dejamos de ser incertidumbre. Dejamos de ser posibilidades, tantos intentos o promesas incompletas. Durante un breve momento simplemente fuimos, fuimos una realidad compartida.

A veces unos cuantos años contienen más vida que toda una vida. Compartir el camino con alguien, aunque sea por un tramo tan corto de la vida, ya transforma la historia de ambos. Nos cambia el lenguaje, las costumbres, la manera de mirar el mundo y hasta la forma en que entendemos la ausencia.

Tal vez por eso pienso que existir al mismo tiempo, encontrarnos entre millones de vidas posibles y haber caminado juntos es una pequeña forma de infinito. No porque el tiempo se detenga, sino porque hay momentos que dejan de obedecer al reloj.

Entre despedidas, nuevos comienzos y recuerdos que inevitablemente se desgastan, siempre queda un rincón intacto. Un lugar donde nada necesita justificarse. Allí seguimos siendo dos personas que se encontraron sin miedo, que sonrieron al mismo tiempo y que, aunque solo fuera por un instante, sintieron que habían encontrado un hogar en el otro. Quizá la vida continúe borrando nombres, rostros y fechas. Pero hay ciertas verdades que ya no dependen de la memoria para existir. Y esa, precisamente esa, será siempre una de ellas.

Comparte esta entrada: